martes, 6 de noviembre de 2012

Reseña: Balkan Fake de Samuel Gawith

César Valladares Pérez

Bienvenidos, hermanos de los buenos humos, a otra entrada más dedicada al hermoso arte de fumar en pipa. Hoy les traemos una reseña de un tabaco algo desconocido, y por ello atractivo para los lectores curiosos, como es el Balkan Flake de Samuel Gawith. Tras una época desastrosa para esta casa en cuanto a distribución en España se refiere, cuando era imposible encontrar ni uno solo de sus tabacos,  pasamos a la abundancia, en muchos estancos, de la inmensa y excelente (y cara) variedad de mezclas.

Esta lata es la primera que pruebo de latakia en forma de flake. Pero, ¿qué es un flake? Un flake es un tipo de corte diferente a la picadura habitual, teniendo una particular forma en rectángulo, tal que si fueran papelillos de liar hechos con tabaco (más gruesos, evidentemente). El flake tiene a favor muchas cosas. Para empezar, una de sus virtudes es la diversión que supone comparar y debatir sobre cómo se carga la pipa correctamente para consumirlos. Yo las resumiré brevemente en tres: la primera y más sencilla sería picarlo en la palma de la mano para que quedara lo más parecido a una mezcla normal. La segunda consistiría en separarlo en hilos, para dejar las hebras más largas, algo así como el ya desaparecido tabaco patrio Gravina. El tercero es quizá el más ortodoxo, y el que consideraremos estándar a partir de ahora; consiste en doblar en forma de V nuestro pliegue de tabaco e introducirlo (hay quien lo retuerce un poco) en la pipa, de tal modo que al encenderlo se vayan consumiendo como una mecha de un petardo, continuamente, sin cortes. Precisamente es otro de sus puntos fuertes, la duración y la libertad que supone poder fumarlo sin interrupciones, haciendo otras actividades, en días de fuerte viento y sin necesidad de atacador. Las fumadas resultan siempre más largas en un flake, con lo cual habrá que elegir bien el momento para no tener que cometer el sacrílego acto de dejar una fumada a medias, que con el precio que se gastan hoy en día los estancos no es recomendable. También se dice que dura más en el punto óptimo de consumición, sin secarse tan fácilmente como la picadura. El contrapunto lo ponen muchos, diciendo que el sabor es menos intenso. Ambas cosas, en mi humilde opinión, ciertas.

Pero centrémonos en nuestro Balkan Flake recién adquirido. La lata es en formato habitual (bastante grande) de la casa inglesa, que conserva muy bien el producto. Lo primero que nos sorprenderá al abrirla es lo oscuro que pintan estas hojuelas. No es de extrañar, debido a que contiene el porcentaje mayor de latakia que yo he visto tabacos (70% latakia, 30% virginia). Al encenderlo nos sorprende por su sabor fino y suave, nada que ver con la primera bocanada de otras mezclas latakiadas de la casa como Perfection. Y es así durante toda la fumada. El humo blanquecino y delgado no desagrada al olfato del neófito como muchas otras de las recetas inglesas, si no que da a la habitación un toque dulce, sin ser empalagoso. Dura mucho, esta primera ha sido de unos quince o veinte minutos, y no me he dedicado a otra cosa. Curiosamente al acabar de fumar no te sientes empachado, típico también de otros latakias, tras los cuales parece que te has pegado un buen banquete. Esta virtud de durabilidad me gusta, favoreciendo que hasta en las pipas más pequeñas se pueda consumir durante una lectura, un paseo u otras tareas, amenizándolas y humanizándolas. Al terminar, la pipa está como si no se hubiera utilizado, limpia y sin humedades. Mención especial merece lo poco que se calienta. Poquísimo, llegando el humo fresco, para alivio de nuestras lenguas. Razón por la cual al terminar la sensación que se nos queda es muy agradable.

En resumen, un buen tabaco para los aficionados a los latakiados que no quieren desentonar en una reunión, ideal para los aspirantes a iniciados en estas mezclas. Ningún problema de encendido si sabes como cargar los flakes (yo no soy un experto y me ha salido a la primera). Te proporcionará unos cuantos minutos de placer sin necesidad de rebuscar el encendedor o el atacador, bueno para estos días en los que no apetece sacar las manos de los bolsillos. Aunque no es el tabaco que buscan los más puristas (carece de ese sabor carnoso y ahumado) tiene personalidad y calidad. Quizá por ello sea ideal para horas tempranas, o para cuando no quieres que el humo confunda el sabor de tu bebida.


martes, 30 de octubre de 2012

Tomen asiento y carguen sus pipas.


Pocas cosas hay más placenteras que un confortable asiento, una lectura y una pipa. También se disfruta mucho en otras ocasiones, como en la tertulia de sobremesa (cafés y copas de por medio), reuniones de amigos, coloquios de todo tipo e incluso en el escritorio, leyendo artículos sobre este arte en internet, red en la que los pipa fumadores caminamos lentamente escuchando comentarios, críticas, consejos y todo tipo de experiencias de otros que, como nosotros, guardan con cariño una buena costumbre centenaria. Los escuchamos con atención y asombro, como se escucha a un narrador de viejas historias. Con ese ánimo damos salto al mundo blog, a nuestra particular taberna de buenos humos. Para exponer todo dato interesante sobre el pasado, presente o futuro de este incomparable placer. Aunque no tenga ninguna importancia real, somos custodios del mismo (y sano) hábito que personajes tan dispares como: Van Gogh, Bach, Andrés Segovia, Picasso, Casals, Da Vinci, Jerry Lee Lewis, Mark Twain, Clark Gable ... O Tolkien, tan adecuado para comenzar este largo camino. Recuerden encender siempre su picadura favorita mientras nos visitan, aquí los buenos humos son obligatorios.

De la hierba para pipa
(El Señor de Los Anillos, Prólogo. J.R.R Tolkien)

Hay otra cosa entre los antiguos Hobbits que merece mencionarse; un hábito sorprendente: absorbían o inhalaban, a través de pipas de arcilla o madera, el humo de la combustión de una hierba llamada hoja o hierba para pipa, quizás una variedad  de la  Nicotiana.   Hay mucho misterio en el origen de esta costumbre peculiar, o de este «arte», como los Hobbits preferían llamarlo. Todo lo que se descubrió en la antigüedad sobre el tema fue recopilado por Meriadoc Brandigamo (más tarde señor de Los Gamos) y puesto que él y el tabaco de la Cuaderna del Sur son parte de la historia que sigue, sus comentarios en la introducción al Herbario de la Comarca merecen ser citados
aquí.

«Este arte, dice, es el único que podemos reclamar corno de invención nuestra.  En qué época empezaron a fumar los Hobbits es un enigma; todas las leyendas e historias familiares lo dan por sabido; durante años la gente de la Comarca fumó diversas hierbas, algunas malolientes, otras aromáticas.  Pero todos los documentos concuerdan en un punto: Tobold Corneta de Valle Largo en la Cuaderna del Sur fue el primero que cultivó un verdadero tabaco de pipa en los días de Isengrim II, alrededor del año 1070 de la Cronología de la Comarca.  Los mejores cultivos todavía provienen de ese distrito, especialmente las variedades que ahora se conocen como Hoja Valle Largo, Viejo Toby y Estrella Sureña.

»No está registrado cómo el viejo Toby obtuvo la planta, pues murió sin decírselo a nadie.  Sabía mucho sobre hierbas, aunque no era viajero.  Se cuenta que en su juventud iba a menudo a Bree; ciertamente nunca se alejó de la Comarca más allá de Bree.  Por lo tanto es muy posible que haya conocido esta planta en Bree, donde hoy se da bien en la vertiente sur de la colina; los Hobbits de Bree pretenden haber sido los primeros fumadores de esta hierba. Aseguran, por supuesto, que se adelantaron en todo a la gente de la Comarca, a quienes llaman "colonos"; pero en este caso la pretensión es, a mi entender, probablemente cierta, pues todo indica que fue en Bree donde nació el arte de fumar la verdadera hoja, y desde allí se extendió en el curso de los últimos siglos entre los Enanos y algunos otros pueblos, como los Montaraces, los Magos y los vagabundos que iban y venían aún por aquella antigua encrucijada de caminos.  El centro y hogar de este arte se encuentra, pues, en la posada de Bree, El Poney Pisador, propiedad de la familia Mantecona desde épocas remotas.

»Al mismo tiempo, mis propias observaciones en los viajes que hice al sur me convencieron de que la hierba no es originaria de nuestra región, sino que vino del Anduin inferior hacia el norte, traída, creo yo, del otro lado del Mar por los Hombres de Oesternesse.  Crece en abundancia en Gondor, y allí es más grande y exuberante que en el norte, donde nunca se la encuentra en estado salvaje; florece sólo en lugares cálidos y abrigados, como Valle Largo.  Los Hombres de Gondor la llaman galenas dulce,  y la aprecian por la fragancia de las flores.  Desde esas tierras la habrían llevado al norte remontando el Camino Verde durante los largos siglos que median entre la llegada de Elendil y nuestros días.  Pero hasta los Dúnedain de Gondor nos otorgan este crédito: los Hobbits fueron los primeros que la fumaron en pipa.  Ni siquiera los Magos lo intentaron antes que nosotros.  Aunque un mago que conocí adquirió este arte mucho tiempo atrás, mostrándose tan hábil como en todas las otras cosas a las que llegó a dedicarse.»